Durante la última década, los titulares globales han bombardeado a la población con alarmas sobre una supuesta invasión silenciosa de microplásticos: con presencia masiva de partículas en el aire, el agua y hasta en el interior del cuerpo humano.
La afirmación de que «ingerimos el equivalente a una tarjeta de crédito de microplásticos a la semana» se convirtió en un mantra ambiental indiscutible. Sin embargo, una serie de investigaciones críticas publicadas en revistas de alto impacto como Nature y RSC Analytical Methods han dejado al descubierto un fallo sistémico en la ciencia climática y de materiales.






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